Todo lo que necesitas saber sobre la obsolescencia programa

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Obsolescencia Programada

En cada compañía los productos creados en la misma se les aplican cálculos desde la fase de diseño para considerarlos obsoletos, inservibles o inútiles. Esto es gracias a que se consideran factores como falta de recambios en el futuro o la sustitución por una versión mejorada. Es una estrategia muy constantemente utilizada para hacer costear al consumidor dos o más veces una misma función a través de la manufactura de productos degradables o que necesiten actualizaciones continuas, lo que produce un subliminal deseo adictivo por conseguir lo más “nuevo” o como se define en el mundo del comercio “fidelización”, cabe acotar que este método es usado por empresas sin ética que buscan solo el aumento del enriquecimiento en periodos de tiempo escalonados, desde corto a largo plazo.

Es fácil de comprender, la obsolescencia programada tiene como único objetivo el lucro económico, olvidándose por completo de las necesidades del consumidor, los problemas ambientales por producción indiscriminada o la acumulación de residuos que llevan a la contaminación del planeta. A nivel mundial este método puede ser cuantificado y previsto, siendo beneficioso en demasía para el fabricante pues entra en juego las refacciones que se pueden obtener para reparar el producto obsoleto y la competencia que puede o no crear un producto mejor o peor pero siempre con el mismo objetivo el consumo masivo de su marca. Es importante señalar que lleva sus riesgos pues el comprador puede descubrir que ha sido engañado con un producto previamente diseñado para ser obsoleto en un tiempo determinado dejando incluso en banca rota la compañía, es un arma de doble filo, aunque más beneficiosa que riesgosa.

Se pueden apreciar tres tipos de obsolescencia programada además de la antes mencionada, la primera es la indirecta, donde el producto queda inservible por falta de repuestos o por alguna de sus piezas internas que no pueden ser reparadas como una batería que viene soldada a la tarjeta principal. El segundo tipo de obsolescencia es por incompatibilidad y el ejemplo más claro sucede con el software que al crearse un nuevo sistema operativo quedan todos automáticamente obsoletos y el consumidor no tiene más opción que pagar por la actualización o por uno nuevo compatible. Finalmente llega la obsolescencia psicológica, donde las grandes campañas de marketing hacen ver a los productos actuales como antiguos.

Gracias al avance en las comunicaciones el sector juvenil ha tomado un gran protagonismo en el mercado actual debido al fácil acceso a través del teléfono móvil. Las empresas pueden crear falsas modas de uso de sus productos guiando al “rebaño” de consumidores por el camino que les conviene. Se aplica a cualquier tipo de producto o servicio, con cambios en colores, tamaños, formas diferentes o materiales. Es imperativo realizar un exhaustivo análisis de las funciones que van a ser aplicadas pues al sobrecargar un mismo producto de funciones puede acarrear un fracaso indetenible en el mercado. De ese mismo estudio se puede ver si es necesario bajar la calidad de los materiales de construcción aunque podría caer en una obsolescencia intrínseca contraproducente para la compañía. Luego de saber todo esto dependerá de cada empresario aplicar o no este modelo de producción.

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